Bosques, arte y startups: las inversiones de largo plazo con mejor retorno

Apertura NEGOCIOS, Edit. El Cronista (05-09-2017)

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Diversificar, diversificar, diversificar. Es la premisa que los expertos recomiendan para conformar una cartera de inversión exitosa. Las opciones son varias y alcanzan a todos los perfiles de inversor. De los más conservadores a los aventureros, poner el dinero en movimiento parece fundamental en un contexto de alta inflación.

Para quienes tienen ahorro y paciencia, hay variantes que prometen altos resultados, pero que a cambio exigen tiempos más largos para ver el retorno. Algunos las eligen como opciones para dejar como herencia, otros porque no pueden resistir los porcentajes que manejan. Lo cierto es que crece la oferta para aquellos que no se conforman con comprar tradicionales acciones o bonos.

Sobre las inversiones a largo plazo, Diego Martínez Burzaco, director de MB Inversiones, asegura que se debe variar no solo por instrumentos sino también por tipo de activo. Aquí, el principal desafío es la falta de liquidez: “No es un mercado para comprar y vender rápidamente. Más bien, es de calculadores de tiempo y tiene que ver con dejar madurar una inversión y esperar que finalmente se aprecie lo suficiente como para que sea realmente un buen negocio”.

Para el experto, este tipo de inversiones en economía real –sobre los que recomienda que no superen el 5 por ciento de la cartera– tiene sus beneficios y sus obstáculos. “La principal contra es la iliquidez y la principal ventaja es la estabilidad de su valor en el tiempo. No están dominadas por la coyuntura de corto plazo, como los activos financieros. En definitiva, siempre un mix de activos financieros con algunos de la economía real es lo más recomendable en un portafolio a largo plazo, sobre todo pensando en un legado o una herencia”, explica Martínez Burzaco, para quien las inversiones no tradicionales deberían ocupar entre el 5 y el 10 por ciento del portfolio.

Ramificar la cartera

Fue el propio presidente Mauricio Macri quien puso el ojo sobre este tipo de inversiones que prometen un alto retorno, pero largas esperas. El mandatario le donó a su hija Antonia una plantación de pinos en la provincia de Misiones con un valor de $ 2,2 millones, según se pudo leer en su última declaración jurada. Pero el retorno lo podrá ver recién cuando sea adulta, ya que los árboles se adquieren como plantines y recién pueden marchar al aserradero cuando están maduros. Un privado puede acceder, también, a este tipo de operaciones. El formato suele ofrecerse a través de fideicomisos que administran la inversión, se encargan de elegir el terreno, mantenerlo y garantizan un retorno más que seductor.

Es el caso de Euca Forest, la empresa que gestiona proyectos de inversión en fideicomisos forestales. Aquí, el principal atractivo que ofrecen es la rentabilidad: 19 por ciento anual en dólares. El proceso inicia en lotes de 300 hectáreas que distribuyen en distintos puntos de la provincia de Corrientes. La plantación se realiza en primavera u otoño, y lo que se busca es disminuir al mínimo el riesgo que traen las inundaciones del verano y las heladas del otoño. “El riesgo siempre está al inicio. Una vez que el árbol se agarra y pasa el primer año de vida, ya crece rápido”, explica María Zone, encargada de Administración y Finanzas.

Año a año, la forestación se va revalorizando, pero no tiene un valor líquido de mercado. Cada vez vale más, aunque el retorno se ve en distintas etapas. A medida que crecen, los árboles compiten por luz y tierra, por lo que en el cuarto año se debe hacer un primer raleo en el que se descarta a los más débiles. Estos se venden como postes de luz y, en ese momento, el inversor recupera el 10 por ciento del capital. Al sexto año hay un segundo retorno y en el octavo, con la tala rasa, se obtiene la mayor ganancia.

Los tiempos de retorno en forestación dependen de la especie plantada, su densidad y la zona elegida. Euca Forest ofrece eucaliptos con horizontes de ocho años, pero con maderas de mayor calidad, como el nogal, el pino o el roble, los tiempos se estiran más. El monto mínimo para participar es de US$ 10.000 (se pide el 40 por ciento al inicio) y quienes eligen esta opción tienen variedad de perfiles: desde ahorradores privados que quieren poner su capital en movimiento hasta empresas que buscan opciones para diversificar su portfolio. Un lote de 300 hectáreas como los que maneja la empresa equivale a US$ 900.000 de inversión.

Si bien el riesgo disminuye luego del primer año, es importante tener en cuenta que la empresa debe encargarse del mantenimiento de la plantación, como poda, riego y control de malezas para evitar incendios. “La realidad es que, en forestación, hay más demanda que oferta. Por eso la tasa rentable es tan alta”, explica Zone al hablar de los beneficios. La forestación tiene, además, ventajas impositivas. “Por ejemplo, toda esta revaluación que se hace año a año está exenta del pago de impuestos: de Bienes Personales y de Ganancias. Una persona pone US$ 10.000, al final del proyecto saca US$ 40.000 y esa revaluación no pagó impuestos”, asegura y destaca que se manejan en un sector que, como agregado, recibe subsidios por parte del Estado. Aunque es para pacientes, Zone agrega que “el tiempo pasa rápido”.

Pinceladas de largo alcance

El inversor de arte se diferencia del resto por una característica: detrás del retorno monetario es el deleite estético lo que motiva la compra. Puede tratarse de un coleccionista o de un especulador, pero todos se llevan, además de un retorno asegurado, un producto único e irrepetible para un mercado que, solo en la Argentina y en transacciones registradas, mueve US$ 15 millones anuales.

“Los coleccionistas pueden derivar en inversores o no, pero cada coleccionista cuando va acumulando piezas de un artista, de alguna manera está invirtiendo a largo plazo porque lo que está haciendo es conservar una parte del patrimonio cultural”, describe Gustavo Perino, perito, valuador de obras de arte y fundador de Givoa Consulting. “No es lo mismo tener un Pettoruti colgado en la pared que 1500 acciones de YPF”, destaca.

En este tipo de operaciones se distinguen quienes eligen arte clásico –más conservadores– y los que apuestan a lo contemporáneo –que asumen más riesgos. En el primero, se trata de artistas consagrados, con una obra catalogada, en la mayoría de los casos fallecidos, por lo que no se consigue nueva producción. Naturalmente, estas piezas elevan su valor. En el caso de pintores que están en sus inicios, la especulación es mayor y quienes apuestan a ellos tienen el ojo más entrenado y siguen a los ganadores de premios en ferias o bienales.

Para hablar de precios, Perino asegura que se deben a los vaivenes del mercado. Lo que hoy gusta al año siguiente puede saturar, por lo que la paciencia a la hora de vender es la regla de oro. Aquí, la contra para el inversor es también la iliquidez. “No sirve comprar hoy para vender el año que viene. El arte no se comporta como los demás productos que están normalizados o más estudiados, tiene que ver con el gusto de la gente”, agrega.

Sin embargo, si antes se compraba con intención de que fueran los hijos o los nietos quienes vieran la ganancia, Perino asegura que hoy el mercado se multiplicó y, con eso, se acortaron los tiempos. Hoy, en cuatro o cinco años, ya pueden verse resultados. En cuanto a la rentabilidad, varía también según el artista, pero el experto asegura que, para alguien consagrado, el piso internacional varía entre el 8 y 12 por ciento. “Depende del artista, pero en general superan los índices de rentabilidad más conservadores de inversión en Bolsa”, explica. Ignacio Gutiérrez Zaldívar, director de Zurbarán, agrega que, para el arte argentino, el número es de 7 por ciento acumulativo en dólares.

En cuanto a los precios, si bien es difícil dar un promedio (ya que el 70 por ciento del mercado se mueve en negro), Perino asegura que, con una base de US$ 5000, ya se puede acceder a una pieza que prometerá ganancia. Cada autor tiene un valor por centímetro lineal que determinará el precio de la obra. “La obra vale económicamente por el artista que ostenta. No por su técnica, estilística o soportes”, agrega. Como todo en el mundo financiero, la rentabilidad será mayor según el riesgo y, aquí, quienes opten por artistas emergentes podrán conseguir números más interesantes si el autor se consagra.

Sobre las precauciones, el perito advierte que entre el 40 y 45 por ciento de lo que se vende es falso o está mal atribuido, por lo que es indispensable asegurar la veracidad de la obra con un experto. Para Gutiérrez Zaldívar, los riesgos son bajos: “Puede ser en caso de apuro de vender, la comisión del rematador o del galerista, pero como es un bien de uso, el valor del disfrute compensa”.

También se advierte que hay que considerar un 15 por ciento de gastos en comisión. Gutiérrez Zaldívar resume que se trata de una acción que mejora la calidad de vida. “Hay que comprar con audacia y vender con paciencia”, concluye el marchand.

Una apuesta a las empresas del futuro

Para quienes quieran participar del nacimiento de una empresa, existen opciones de financiamiento que involucran a minoristas. Ahorristas que no necesariamente vienen del mundo financiero se arriesgan a financiar startups a través de fondos de inversión o comunidades de crowdfunding. Son aquellos que, por lo general, tienen un pasado en inversiones tradicionales, pero que diversifican su cartera con estas opciones que les prometen mayor retorno.

“Lo que los lleva a buscar estas alternativas es que no hay otras inversiones realmente rentables. Las personas van perdiendo poder adquisitivo. Las inversiones, para que sean realmente buenas, tienen que ganar por encima de la inflación y no hay muchas que lo logren”, sostiene Sebastián Ortega, director Ejecutivo de South Ventures, un fondo que invierte en startups tecnológicas.

Un grupo de los que se aventuran a financiar a un emprendimiento que recién se lanza al mercado guarda la secreta esperanza de invertir en el próximo Google o Facebook. Pero lo cierto es que a todos los moviliza, además del metal, el hecho de ser parte de una iniciativa que fomenta la innovación y la producción.

Este tipo de fondo reúne a socios que delegan en la institución la elección de las empresas a invertir y solo obtiene ganancias si la compañía resulta triunfante, es decir, prometen un honorario de éxito que por lo general es del 20 por ciento. Así, se le garantiza al inversor que el fondo buscará identificar a las startups más prometedoras. “El fondo diversifica: cada año seleccionamos entre seis y 10 start ups. El principal desafío está en la liquidez. Hay que pensar siempre de cinco a seis años en adelante para que tenga tiempo de desarrollarse y crecer para que, cuando se venda, sus inversores tengan su parte proporcional”, define Ortega.

Para estos movimientos el retorno no está asegurado, porque en los primeros años las probabilidades de fracaso son altas. De ahí la importancia de diversificar, ya que se asume que la que tenga éxito va a compensar las pérdidas. Aunque, para el caso de las startups a las que les va muy bien, el retorno podría llegar a ser de más de 50 veces. Ortega asegura que se parte de la presunción de que un 40 o 50 por ciento de las empresas del portfolio no van a sobrevivir, y una o dos de cada 10 van a ser las perlas que van a asegurar el retorno.

En el caso de South Ventures, para entrar al fondo que ofrecen solo con start-ups el monto mínimo es de US$ 3000 (ofrecen, además, otro donde mezclan inversiones en start ups con acciones tradicionales, de US$ 25.000 para entrar). Se trata de cifras considerablemente menores si se compara con un inversor privado, que por lo general desembolsa entre US$ 25.000 y US$ 50.000 para entrar a una startup y cuenta con experiencia en negocios o en la industria. En contrapartida, los fondos toman el rol de acompañar a quienes se quieren introducir en ese mundo, y ofrecen costos menores y asesoramiento.

La versión original de esta nota salió publicada en la edición especial 2017 de la Revista Apertura La City. Enterate cómo conseguirla.

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